Darío Herrera (1870-1914)



Campestre

La tarde se adormece en la llanura.
Incierto el panorama se destaca
bajo la luz anémica, ya opaca
en cada agrupación de la verdura.

La vespertina claridad perdura,
fingiendo una labor de fina laca
en el espacio cóncavo, que es placa
donde pintan las formas su hermosura

La noche se condensa en el contorno
del silencioso campo. De retorno
hacia la casa va con lento paso

el labrador y sus rendidos bueyes.
Y son yuntas y el hombre únicos reyes
de aquellas soledades del ocaso.

Canción de otoño

Los sollozos, largos lentos,
de los vientos
en las tardes otoñales,
van resonando en mi alma
con la monótona calma
de los toques funerales.

Todo lívido y convulso,
obedeciendo al impulso
del quebranto,
de mis antiguas historias
siento llegar las memorias
humedecidas de llanto.

Y a un viento malo, sin rumbo,
voy marchando tumbo a tumbo
por mi existencia desierta,
como al hálito glacial
de la ráfaga otoñal
la hoja muerta.

Lied

No sé por qué presiento que las tranquilas
sonrisas de tus labios son dolorosas;
que hay duelos ocultos en las radiosas
noches estelares de tus pupilas.

Que los dulces escorzos de tu estatuaria
tan sólo exteriorizan gestos escénicos;
y a través de sus ritmos, que son helénicos,
hay la actitud contrita de la plegaria.

Y pues son tus sonrisas tan dolorosas,
¿Por qué muestras en ellas dichas tranquilas?
¿E ignoras que esos duelos, en tus pupilas,
las harían más nobles por más radiosas?

¿Qué en vez de esos escorzos que son escénicos
y simulan los gestos de la estatuaria,
las actitudes tristes de la plegaria
serán triunfos más bellos, que los helénicos?

La verdad es sagrada, y el mundo finge;
la verdad, por divina, por buena, enorme,
con sus luces de soles hace ya informe
de los mitos la inerte, mentida esfinge….

Leda

Divino es el cisne; la virgen es Leda.
El bosque simula paisaje de Edén.
La brisa los himnos de nupcias remeda;
es oro volátil el pelo en la sien.

El busto en las alas abiertas se enreda.
La hermosa palpita, y el cisne también.
Calor de caricias… El plumón de seda
a muslos y flancos les presta sostén.

Ya el cisne divino sus alas retira:
Efímera es siempre la dicha de amor.
Ella deslumbrada con asombro mira.

El cuerpo del ave tornarse fulgor;
Y Leda comprende, de orgullo suspira,
que Júpiter mismo fue su seductor!…