Pedro de Répide (1882-1948)





Letrilla de doña Mencía a doña Belisa

Amor, que es niño y travieso,
me mata con sus mercedes.
Hame tendido sus redes,
          y hame preso.

Pedisme dueña y amiga,
que os diga
mis bienandanzas de bella,
y la cuitada cantiga
sólo oiréis de mi querella.
Ya no rúo, ya no canto,
del arca en el fondo están
basquiña de veludillo,
pañizuelos y tontillo,
y la prenda de mi encanto,
aquel primoroso manto
de bordado tafetán.
Que amor que es niño y travieso
me mata con sus mercedes,
hame tendido sus redes,
          y hame preso.

Y sabréis Doña Belisa,
que sólo salgo a la misa
de las madres Recoletas,
y ya no me regodeo,
ni bullo, ni me paseo
por San Blas, ni por el Prado,
que amo pláticas secretas
tenidas en el estrado,
y triste cilicio ciño
por la culpa de un doncel.
Que amor me llevó al cariño
de uno que es travieso y niño
          como él.
Como él gracioso y avieso,
con perfil de Ganimedes.
Hame tendido sus redes
          y hame preso,
el que sin mal ni dolor
el seso roba al discreto,
y enturbia el sabio conceto
al letrado y al dotor.
          El amor,
que no obliga con premáticas,
ni otras leyes mayestáticas,
el señor corregidor.
Y a quien no rinden los reyes,
ni con él hay valimiento,
ni rigen con él las leyes
que llenan el aposento
de mi tío el oidor.

Se trata, doña Belisa,
de un rapaz más que donoso
que en los diez y siete frisa.
          ¡Quién me viera!
Yo, aquella dama que fuera
la del gesto desdeñoso,
castigo de los galanes
que desprecié los afanes
postreramente de tres.
Don Gil que ahora en Indias loco
padece por sus desmanes.
Un mayorazgo por poco,
y por harto un ginovés.
No juguéis con el cariño.
Mirad quien así os lo avisa.
No sabéis, Doña Belisa
cómo me tiene ese niño.

Dejadme, dueña y amiga,
          que no siga
con tan plañidero son.
A vos os digo el secreto
a que me obliga el afeto
de nuestra vieja afición.
Pero no es bien que mi lengua
al viento diga mi mengua,
que no es bien que la publique
y mi escándalo predique
          mi canción.
Y pues mi mal conoscedes,
si halláis afrenta en mi exceso
no preguntéis por mi seso,
que la deidad que sabedes,
hame tendido sus redes
          y hame preso.